Con el coronavirus propagándose sin freno en las zonas más pobladas del país, aumentos diarios en la cantidad de hospitalizaciones y sin jornadas con cero muertos, Costa Rica admite que perdió el control del que se ufanaba meses atrás. Para contrarrestar el empinamiento de la curva de contagios, el país ha impuesto nuevas restricciones, mientras es cada vez más evidente el golpe económico causado por la pandemia.

Ya quedaron atrás los días en que el país centroamericano se mostraba como un ejemplo del manejo de la crisis, basado en un amplio sistema de salud pública y en la disciplina que las autoridades de Salud acreditaban a la población. Puede aún mostrar cifras menores a las de la mayoría de naciones de América Latina, con un acumulado de 8.000 contagiados y 31 fallecidos, pero con elemento que alarma a las autoridades: la mitad de esos enfermos y de las muertes corresponden al mes de julio.

El crecimiento de los contagios se cuenta cada día en tres dígitos, ya no hay capacidad de seguir el rastro de las cadenas de transmisión y la cifra diaria real de nuevos enfermos podría ser el doble o el triple de la que logra diagnosticar el Gobierno, reconoció el viernes el ministro de Salud, Daniel Salas. Las autoridades dispusieron el retorno de la restricción vehicular y la suspensión temporal de permisos para sitios de atención de público, la manera en que el Gobierno de Carlos Alvarado intenta acorralar al virus.

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